Vamos a pintar de colores las calles grises de este Madrid, querido pero rancio y anticuado, que tanto nos gusta y que luce tan divino con sus banderitas multicolor y sus boas de plumas.Un día, a lo mejor el año que viene, el orgullo no será un motivo de celebración y no haya que salir a la calle para reclamar derechos y reivindicar respeto, sino una excusa para celebrar que somos libres, únicos y preciosos.
Quiero imaginar que es posible.