La lluvia sobre Madrid tiene hoy un color oscuro, como de tinta China. Es fría y viscosa. Las gotas se evaporan sobre las aceras, los tejados y los coches aparcados, dejando manchas de polvo y regueros de suciedad, como lágrimas sobre palabras escritas en un viejo cuaderno.
Son días calurosos en los que esta lluvia viene a aliviar un sofocante verano que se ha adelantado.
Algunos caminantes se cubren la cabeza con un periódico, corren a refugiarse bajo las marquesinas de los edificios y cruzan la calle precipitadamente, sin mirar, sorteando paraguas y automóviles. Huyendo.
A mi la lluvia me moja desde los pies. Sube desde los charcos y me empapa por dentro. Hoy, 19 de junio, el cielo de Madrid sabe que mi corazón grita y deja caer sus tristes gotas para que no me vean llorar.
Como en estos últimos quince años, irremediablemente, mañana saldrá el sol. Sin embargo, hoy sigue lloviendo, ojalá pudieras verlo.
Son días calurosos en los que esta lluvia viene a aliviar un sofocante verano que se ha adelantado.
Algunos caminantes se cubren la cabeza con un periódico, corren a refugiarse bajo las marquesinas de los edificios y cruzan la calle precipitadamente, sin mirar, sorteando paraguas y automóviles. Huyendo.
A mi la lluvia me moja desde los pies. Sube desde los charcos y me empapa por dentro. Hoy, 19 de junio, el cielo de Madrid sabe que mi corazón grita y deja caer sus tristes gotas para que no me vean llorar.
Como en estos últimos quince años, irremediablemente, mañana saldrá el sol. Sin embargo, hoy sigue lloviendo, ojalá pudieras verlo.