A veces existen las segundas oportunidades.
La vida puede dar un giro caprichoso y sucede lo inesperado.
A veces se confírma lo más terrible y lo real deja de serlo. Tu burbuja se desinfla y todo pierde sentido.
La vida pasa pero pasa de ti.
A veces lo malo es solo lo que les ocurre a los demás, pero a veces no, y el golpe es más duro.
Golpea duro lo inesperado, lo aleatorio, lo desconocido, lo impredecible.
A veces rezas sin fe y esperas un milagro de las manos de un médico.
Y aprendes a perderle miedo al miedo.
A veces existen las segundas oportunidades.
La vida puede dar un giro maravilloso y regalarte un poco más de tiempo.
A veces aprendemos a convivir con lo terrible y a tratarlo de tú a tú en nuestra nueva realidad. Y reconstruimos nuestra burbuja con retazos de lo que fue y muchos cuidados.
La vida pasa y te aferras con uñas y dientes a ese tren, que cada segundo cuenta y lo que queda por venir es ya tu particular bonus track.
A veces lo malo te ocurre a ti, pero a veces lo superas y ¡enhorabuena! Ahora eres un superviviente que ganaste tu batalla a la quimio, a la radio, al dolor, al insomnio, al desánimo, a la soledad. Y la vida te regala tiempo, te regala el amor de una familia que redescubres, te regala nuevos sueños menos imposibles y metas más cercanas. Te regala canas, arrugas, marcas y cicatrices, un nuevo corte de pelo y una sonrisa más sincera.
A veces rezas sin fe porque sabes que otros rezan por ti. Tus seres queridos son ángeles y tu oncólogo es Dios.
Y aprendes a perderle miedo al miedo.
A veces existen segundas oportunidades.
La vida se disfraza de cangrejo y te pega un buen pellizco.
A veces las peores cicatrices son las que no se ven. Y en tu nueva burbuja ya no caben las mismas cosas ni la misma gente.
La vida pasa y es hora de pasar página, seguir adelante protegida por el ejército firme de los tuyos, volver a viajar, a pintar y a escribir, a escuchar nuevos sonidos y andar nuevos caminos.
A veces lo malo es un recuerdo muy vivo que acecha disfrazado de pesadilla en cada sueño, en cada revisión, en cada bajón, en la cicatriz que ya no escondes. Y decides VIVIR con mayúsculas mirando de frente y sin mentiras.
A veces rezas sin fe y ruegas que esto no le pase a ninguno de los tuyos, a nadie más. Y deseas dar más y pedir menos, agradeces y perdonas.
Y aprendes a perderle miedo al miedo.
Estos días se cumple el primer año tras el tratamiento y todo está bien. Calma chicha.
2017 ha sido un puto infierno. Tenía que escribirlo. Ahora ya puedo seguir. Vuelvo con mis mariposas y a mi burbuja en Villa Pi y Pa.
